Recuerdo como si hubiera sido ayer, después del sismo unos amigos y yo nos habíamos organizado para ayudar; llevamos todo lo que podíamos, palas, cubetas, agua, cobijas, todo apretado en una camioneta y salimos camino sin realmente saber a donde íbamos. Nunca he estado en una zona de guerra, pero para mí, en mi ilusa cabeza así se vería una, una tenue neblina de polvo cubría el rango de visión, gente caminaba a lo lejos cargando utensilios con urgencia, a prisa como normalmente sería en la ciudad cuando van a su trabajo, pero por alguna razón era diferente, había ruido a lo lejos muchas sirenas, pero a la vez las sirenas eran parte de un silencio colectivo. En toda mi vida nunca había visto así la ciudad donde vivo. Mientras caminábamos por la avenida, mi cabeza no dejaba de viajar hacia todas las anécdotas que mis papás me llegaron a contar sobre el temblor del 85; probablemente esto fue lo que vivieron, me decía a mi mismo. Fue para mi sorpresa que no solo llegando a ayud...
Una perspectiva digital diferente